febrero 26, 2009

Hoy buscaba una conversación vieja que tuve con un amigo de hace mucho tiempo, mi mente curiosa no pudo dejar de toparse con otras conversaciones y abrirlas. No debía hacerlo, siempre fui de apoyar la idea de que una vez que la puerta se cierra, se cierra. Bien hoy hice todo lo contrario (me contradije, de nuevo), abri una puerta que jamás tendria que haber abierto, o que jamás tendria que haber cerrado, no se bien pero supongo que si las cosas se dieron asi es por un simple hecho y vuelvo a lo de antes: No tendria que haber hecho click, pero aqui vamos de nuevo rompiendo mis propias reglas y debido a ese click, hoy tengo una vieja historia que contar. Todo fue hace un largo tiempo.

El fenómeno de Internet ocupaba gran parte de mi tiempo, no fue demaciada la antención que le preste hasta que empeze a conocer a la persona que quizas desarrollaria los sentimientos que jamás me había dado cuenta que existian dentro de mi, y que por supuesto jamás volverian a salir, no de esa manera, ni hacia otra persona. Es una historia rara porque nunca la termine de entender, absurda porque nunca tube un contacto fisicamente con el, hermosa mientras duro porque el era todo lo que yo queria o por lo menos simulaba serlo, y asquerosa ahora que me quede sin nada y soy una simple escritora de cosas sin sentido. El era todo lo que yo queria, ya lo dije, pero es verdad.

Con el tiempo empeze a escuchar la música que el escuchaba, a hacer lo que el hacía, a frecuentar los lugares que el iba, en otras palabras era un asquerosa copia del hombre del que me había enamorado, era un asco. Nuestra relación duro poco más de unos cuantos meses, los recuerdos duran para siempre. No se que fue lo que más nos atrapó de esta relación, quiero decir que fue lo que más me atrapo, el nunca tubo un interes como el que yo tenía hacia el, quizas si al principio pero despues no, obviamente. Fantasiar, eso fue, fantasiar con una vida juntos, con que el me queria casi tanto como yo a el. Sus palabras, su manera de escribir, de decir las cosas, como me trataba, como si fuera fragil, como si me fuera a romper en cualquier momento, como si sintiera la obligación de cuidarme.

Nunca me había sentido así con nadie y a medida que pasa el tiempo me doy cuenta que todo lo que me había enamorado de el no dejaba de ser distinto al resto, no dejaban de ser palabras mentirosas y horas perdidas. Llamenme ilusa, idota o soñadora, existen miles de adjetivos que podian describirme en ese momento, pero yo había conocido al amor de mi vida y no estaba dispuesta a dejarlo ir. No estaba dispuesta en lo más mínimo, por eso es que quizas me dolio tanto, y cuando recuerdo me duele aún más. Había conocido al que yo creía que era mi media naranja, lo había perdido y nunca más volvería a querer a nadie igual. Había vuelto a abrir la puerta.

Y algo me decía que nunca la había cerrado del todo.